Llevo tiempo dándole vueltas a cómo abordar el tema del pecado sin caer en el típico listado de faltas morales, un enfoque que creo que ya está más que explorado desde lo religioso teologico. Me propuse rescatar el concepto de desintegración, debido a la riqueza y variedad de sus sentidos: desde la separación de elementos que formaban un todo, hasta la destrucción total y la pérdida de la integridad original de algo.
Creo que cada una de estas variantes arroja la luz necesaria para entender cómo el pecado impacta de formas distintas en cada dimensión del ser humano. En esta serie para el blog, exploraremos ese impacto a través de cuatro frentes: el vertical (con Dios), el interior (con uno mismo), el horizontal (con los demás) y el cósmico (con la naturaleza).
Dimensión vertical
23 por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios… Romanos 3
Comenzamos afirmando que todos nos encontramos en ese estado de pecado, cuya consecuencia más profunda se experimenta en nuestra relación con Dios. Dios es la fuente de interpretación de toda la realidad y como es bien sabido por el mundo en general es que en el principio Adán y Eva desobedecieron, producto de las consecuencias fue tener una interpretación distorsionada o desintegrada, ya no estabamos en integración con nuestro Creador, quisimos poder interpretar la realidad con unos lentes nuevos, lo que inmediatamente añadio el dolor y la muerte como nuevas formas en la convivencia.
Producto de aquello indiscutiblemente nacemos con esto a cuestas, estamos como un fruto lejos del arbol, la descomposición paulatina empieza su proceso. Como bien lo diria Juan Calvino en su libro de la institucion de la religion cristiana:
«Nuestra sabiduría, en la medida en que deba considerarse verdadera y sólida, consta casi enteramente de dos partes: el conocimiento de Dios y el de nosotros mismos. Pero como estas están conectadas por muchos lazos, no es fácil determinar cuál de las dos precede y da origen a la otra. Pues, en primer lugar, nadie puede examinarse a sí mismo sin dirigir inmediatamente sus pensamientos hacia el Dios en quien vive y se mueve; porque es perfectamente obvio que los dones que poseemos no pueden provenir de nosotros mismos; es más, que nuestro mismo ser no es otra cosa que subsistencia en Dios solamente».
Todo conocimiento que tenemos de nosotros mismos debe estar sustentado en Dios, pero al momento de la caida todo conocimiento se volvio parcial y falso. Ahora, el ser humano en vez de encontrar en Dios respuestas, las encontraria en el mundo creado, empezaria a ver la creación como la epistemologia de si mismo. Lo cual puede dar algo de luz, pero es insuficiente puesto que somos tanto seres terrenales como espirituales. y nuestra espiritualidad se torno en que conseguir cosas o dominar el mundo visible era la cuspide de la realización, dejando de lado la integración de lo divino.
Dimensión interior
De alguna manera se puede deducir por lo escrito anteriormente, que al perderse el parangon por el cual entendernos a nosotros mismos, es que aparecen emociones como el miedo, la verguenza y la culpa. Cada vez que alguien no esta firme en su identidad, observa el mundo y lo ve tan complejo que su existencia se observa insignificante.
17 De manera que ya no soy yo quien hace aquello, sino el pecado que mora en mí. 18 Y yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien; porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo. 19 Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago. 20 Y si hago lo que no quiero, ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí. Romanos 7
De una manera metaforica pero bien grafica, el apostol Pablo esta expresando que en su interior hay una lucha, pero ¿porque deberia haber una lucha si somos seres integrales? La verdad es que nuestro propio ser sufrio las consecuencias del pecado perdimos la brujula por la cual guiarnos, y por ende, nos desintegramos al evidenciar separación de los propios elementos: razón v/s emociones; cuerpo v/s espiritu; identidad v/s validación externa. Estamos en conflicto, nuestro estado interior no logra poner las cosas en perspectiva, jerarquizamos mal la importancia de las cosas, no estamos del todo lucidos para enfrentar la experiencia humana. Escuchamos frases como: no se si hacerle caso a mi cabeza o a mi corazón, esto no me hace bien pero lo necesito, tengo adicciones, no se que hacer con esto que estoy sintiendo, etc.
«El encuentro con uno mismo es lo más temible de todo» Carl G. Jung
Como bien refiere Carl Jung, uno de los elementos mas dificiles de asimilar es que incuestionablemente el ser humano huye irremediablemente de atender su mundo interior, y claro, si lo hace no va a volver nunca mas a ser el mismo porque se dará cuenta que como ha llevado su vida, no tiene sustento porque ha dejado que su alma se nutra para dar cabida a sus deseos.
Muchos de los conflictos y sufrimientos que experimentamos provienen de no poder integrar ese hecho en nuestra historia. Quisieramos anestesiar, aislar, eliminar, eclipsar todos esos momentos que nos dañaron, sabemos que tenemos un alma fracturada, pero negamos pedir ayuda a quien realmente puede alinear nuestros deseos, pensamientos y acciones, que es Cristo. Él puede integrarnos a su Cuerpo y volver a integrarnos con Dios Padre. Huimos de nosotros mismos, huimos de Dios, huimos del dolor, huimos de los demás.
«Huye el impío sin que nadie lo persiga…» Proverbios 21:1
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