Aguardar

En las profundidades del caos,
la lluvia torrencial ahogó mi ego;
pensé que moriría en el suelo,
pero aguas indomables apagaron mi sed.


Las mareas subieron hasta los tobillos,
luego a la cintura y a los hombros.
Mágicamente, floté en aquellos pensamientos caóticos:
no me arrebatarían, sino que me impulsarían.


Tomé unas cosas de mi armario,
una mochila y ropa para un par de días.
Viajar ligero se ha vuelto mi guía;
no almaceno lo que no ocuparía.


Veo cómo las temporadas pasan;
ninguna por sí sola me encanta,
más bien me agrada atravesarlas
como un turista por tierras extrañas.


Es que todo me parece nuevo,
todo produce fascinación.
No sé si esto será para tanto,
pero logra alegrarme tanto que ya no busco explicación.

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