La felicidad: ¿Qué es?
Canserbero dice en su canción: «La vida es un parpadeo donde la meta es ser feliz, al menos así yo lo veo. Nos preocupamos por estupideces y olvidamos que al morir solo llevamos lo que disfrutamos».
Imagina tu mañana: hoy es uno de esos días donde te despiertas en una cama cómoda, bajo un techo seguro. Abres la llave de la ducha y el agua caliente fluye para que puedas bañarte. Luego vas hasta tu clóset, escoges tu ropa para el día y te abrigas si hace frío o, si está templado, usas ropa más holgada. De camino al trabajo llamas a algún familiar o amigo que te demuestra su afecto. Ya en el trabajo, te sirves una taza de café; el aire acondicionado está en los grados perfectos y te pones al día con los pendientes. Quedas de almorzar con alguien o disfrutas de un momento de soledad. Tu jornada laboral llegó a su fin y debes volver a casa; te desvías para comprar un par de cosas al supermercado y llegas a disfrutar de tu tarde en familia.
Para distintos tipos de personas esto sería un día cualquiera, parte de una rutina aburrida, una utopía o un gran día. Todos tenemos miradas distintas de lo que es la rutina. Muchos buscarían escapar de esta realidad, encontrarse en otros lugares con personas desconocidas, disfrutar de un buen trago y comidas exóticas, registrar en sus redes sociales todo el panorama, tomar fotos alegres —algunas sugerentes— y sentir la nostalgia de tener que detener eso tan espectacular por un retorno, para nada agradable, a la rutina.
Por otro lado, está aquella persona que posterga tanto sus descansos que pareciera que nunca se detiene. Está totalmente «enfocada» en su trabajo, se deja en último lugar para descansar y, en algunos casos, es obligada a tomar sus feriados legales para que la empresa no reciba multas.
Ambos casos no son del todo buenos o malos; me gusta trabajar y me gusta descansar. Creo que necesitamos tiempos de ambos, pues hay momentos para todo. Pero, ¿quién de los dos se detiene y piensa en lo afortunado que es? ¿Qué… estás loco? ¿Cómo puedes considerar afortunados a quienes trabajan? ¿No debemos huir de aquello?
La rutina es bendición
Al comienzo hice la descripción de un día rutinario, pero en él están implícitos muchos elementos que podrían no considerarse bendiciones, pero que sí lo son. Enumerémoslos para que puedas agradecer cada uno de ellos:
- Despertar sano.
- Una cama.
- Una casa.
- Agua potable.
- Ducha y agua caliente.
- Ropa de acuerdo a la temporada.
- Un trabajo.
- Gente que te quiere (familia y/o amigos).
- Un cafecito.
- Comida.
- Dinero.
A esta lista podríamos agregarle muchas otras bendiciones dependiendo de cada quien. Nada de esto es «normal» por azar; son bendiciones que solemos dar por sentadas. Nos hemos vuelto ágiles para detectar lo que nos falta materialmente, pero laxos para agradecer lo que ya poseemos. Enfocarse solamente en los aspectos materiales de la vida nos proporcionará un sentido de vacío y competitividad que no conviene al alma. La tecnología ha avanzado y el deseo de obtener «lo último» se ha vuelto una carga común.
El peligro del placer instantáneo vs. el gozo real
Vivimos inmersos en lo que los expertos llaman una «cultura dopaminérgica», un entorno diseñado para ofrecernos ráfagas constantes de gratificación inmediata. Estamos a un solo «clic» de distancia de estímulos potentes: la validación efímera de las redes sociales, el consuelo momentáneo de la comida ultraprocesada, el alivio ficticio del consumo impulsivo de contenido y el ruido ensordecedor de la ciudad. Estos estímulos activan los centros de recompensa de nuestro cerebro, dándonos una ilusión de bienestar que desaparece tan rápido como llegó.
Existe una trampa en esta inmediatez. Aunque estos momentos prometen felicidad, en realidad suelen funcionar como una anestesia emocional o una fuga de la realidad. Al perseguir estas «microdosis» de placer, evitamos el silencio necesario para procesar nuestras heridas y escuchar la voz de Dios. Esta dinámica nos desconecta de nuestra verdadera esencia, dejándonos en un estado de insatisfacción crónica y un vacío emocional que ninguna posesión material o notificación digital puede llenar.
En contraste, el Gozo Real es una llama constante que se alimenta de la comunión con el Creador y de atender nuestras necesidades espirituales. Es la diferencia entre una distracción que nos aleja del dolor y una paz que nos sostiene a través de él. Como bien advierte Proverbios 14:12: «Hay caminos que al hombre le parecen rectos, pero que acaban por ser caminos de muerte». Seguir el dictado de nuestros impulsos puede parecer el camino hacia la libertad pero, sin un propósito espiritual, termina convirtiéndose en una prisión de ansiedad y superficialidad. La verdadera plenitud no se encuentra en lo que consumimos, sino en cómo, de manera integral, vamos atendiendo nuestra humanidad.
Conclusión
¿Qué tan comprometido estás con tu felicidad y tu paz? Todos dirán que lo están; entonces, enfoquémonos en hacerlo de la manera correcta. Escojamos las cosas eternas y miremos a Jesús. En Juan 14:27 Él nos regala esa paz: «…mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da». No debemos comprarla, Él la ofrece gratuitamente. Vengan de todos lados a recibir esta paz que sobrepasa cualquier entendimiento.
Para reflexionar esta semana: En un mundo donde todo se paga… ¿puedes hacer una lista de 5 cosas que son totalmente gratuitas, fundamentales para tu vida y que hoy olvidaste agradecer?

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