Calma, calma, calma

Antes de conciliar el sueño,
me pregunto si aún me recuerdas;
si te das vueltas en la cama por un pensamiento,
si recuerdas el sabor de mis besos.

Ya han pasado muchos otoños:
miles de hojas han caído a tierra,
amantes se han despertado juntos,
otros tantos han armado las maletas.

Los días son horas para quienes están unidos;
los años, simples minutos para los que se esperan.
Agónicas festividades y celebraciones…
No celebro ya mis victorias.

He descubierto en mí nuevas cosas,
cosas que desearía compartir contigo.
Sé que a la distancia no me oyes,
pero sabes de mis caminos.

Ya no soy tan torpe ni tan retraído,
he sobrevivido a mi ritmo.
Soy alguien a quien ahora admiro:
no caigo por los golpes, me derrito en tu abrigo.

No controlo de dónde sopla el viento,
ni sus potentes nudos.
Ajusto las velas de mi corazón
para sortear las olas en esta embarcación.

Tu mirada podría estar frente a mí
y examinar mi alma;
no tengo secretos sobre mi cabeza,
ni polvorientos pensamientos.

Mi fuerza es de mil hombres:
soy acero y roble,
soy fragilidad…
como la existencia humana.

En el silencio te encuentro.
¡Cierren las avenidas!
¡Detengan a sus jinetes y caballos!
¡Aguanten la respiración!

Calma, calma, calma…
Ahí te veo sentada,
a los pies del umbral
de un mañana glorioso.

Deja un comentario