Caudales grises de cenizas
alojan ríos de la vida;
momentos de agobio
suelen ser de indecoro.
Muestras de momentos frágiles,
ideas vagas atrapada en redes;
una araña con su ponzoña me hirió,
por los carriles sanguíneos recorrió.
Traspasado el escudo del alma,
apagado de mi vida fui;
mas no me morí,
solo estaba en modo sobrevivir.
Lentas son las horas para quien ve sombras,
sombras de recuerdos pasados;
todo escaso de humanidad,
parecía bestia indomable.
Bestia que traspasaron con dardos,
degollado vivo por los buitres;
ansió verme en otras vidas,
en un cuerpo de hojalata.
Que esta vida no es la mía,
ni la quise, ni pedía;
«pude dar mucho más que esto»,
mi conciencia me decía.
Enmudecido los afectos,
endurecidas las lágrimas;
mi búsqueda ha cesado,
solo encuentro miseria.
Tu me hablaste, rompiste las ataduras,
mi alma escapó cual ave a las montañas;
como perro de caza seguí la esperanza,
la fe se encendió en mis entrañas.
El código de acceso se desbloqueó,
las alarmas se apagaron;
la cerradura se rompió
zurcí mi corazón.

Deja un comentario