Furia granate, esquivo a tiempo,
y a destiempo como un vals.
Mi energía subió al cielo,
marcando un violento compás.
Erupción volcánica,
epopeya griega,
cenizas de Pompeya,
que desde lo alto aterra.
No duermo por la noche de tanta tensión,
mi cuerpo es una piedra en el rincón.
Siento el peso de una corta respiración,
mi pecho es el yunque de esta rebelión.
En mi mente te maté y te juzgué,
te reviví para doblar el daño.
Cualquier tortura que contra ti vuelco,
es solo un teatro, un cruel engaño.
Pobre alma mía, sin lucidez,
buscando que vuelva la armonía.
Tras la muerte te creí ver otra vez,
caigo en un desfiladero de teorías macabras.
Unos me sienten y huyen,
otros corren y me abrazan.
Todos me temen mientras se destruyen,
y sus restos esparcidos,
en sus culpas amargas hieden.

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