El temor parte 3

Hackear el modo supervivencia: Superando el miedo

En artículos anteriores exploramos cómo el miedo se manifiesta y cómo puede paralizar nuestras decisiones. Hoy quiero profundizar en un estado más persistente y agotador: el modo supervivencia producto de eventos traumáticos.

1. Un sistema nervioso desbordado

Cuando el miedo se vuelve crónico, el sistema nervioso opera a su máxima capacidad. En este estado, la capacidad de analizar la realidad de forma objetiva no ocurre. No es falta de voluntad; es nuestra biología.

Lo que ocurre es un cortocircuito cognitivo:

  • El cerebro deja de observar el presente.
  • Empieza a interpretar el presente desde los traumas y experiencias pasadas.
  • El futuro deja de ser un espacio seguro para convertirse en una amenaza permanente de la cual se debe huir.

2. La química de la hipervigilancia

Vivir atrapado en este estado crítico significa que tu química cerebral modifica tus conexiones neuronales. Cualquier estímulo, por pequeño que sea, es interpretado como un ataque. Esta desregulación a nivel cognitivo hace que incluso las tareas más sencillas resulten abrumadoras y agotadoras,, porque estas gastando toda tu energía en «estar seguro»; no sabes por dónde empezar porque tu cerebro está demasiado ocupado intentando «salvarte la vida».

El cerebro en modo supervivencia no busca ser feliz, solo busca mantenerte a salvo.

3. La huella del abandono: Desde la primera infancia

En mi trabajo con niños y adolescentes cuyos derechos han sido vulnerados, he constatado lo complejo que es reconfigurar un sistema nervioso traumatizado. Ya sea que exista o no una discapacidad cognitiva, el impacto es profundo y estructural a nivel neuronal.

Regular un sistema nervioso en modo supervivencia requiere tiempo y persistencia. He aprendido durante estos años que los resultados más favorables surgen de entornos contenedores que brindan seguridad a los niños y adolescentes, junto con rutinas predecibles, juegos lúdicos e instancias artísticas que logran movilizar el trauma desde lo corporal a lo cognitivo.

(Para profundizar en esto, recomiendo revisar la Pedagogía de Emergencia de Bernd Ruf).

Cuando el trauma se instala, el mundo deja de ser un hogar para convertirse en un campo de batalla; el individuo queda atrapado en un ciclo de alerta que no conoce ni puede descansar. Esta experiencia no se limita a pensamientos intrusivos solamente, sino que se manifiesta como una amplia realidad física abrumadora:

  • Recuerdos vívidos: Imágenes que se sienten como ataques presentes, con un peak sensorial tan vívido como la primera vez.
  • Memoria corporal: Huellas de abandono y violencia ancladas en el cuerpo, que a menudo fuerzan a la psiquis como metodo de defensa a disociaciarse para permanecer a salvo.
  • Fractura biográfica: Terrores nocturnos y una profunda desesperanza que produce una desconfianza en el mundo adulto y los vinculos que puedan generar.»

A pesar de lo triste y complejo de un cerebro así, la neuroplasticidad ha evidenciado que nuestros cerebro no es estático y que puede ser recableado. Incluso los recuerdos más profundos y los sentimientos de abandono más arraigados pueden tener espacios de calma cuando recuperamos el control y la sensación de seguridad. Salir del modo sobrevivencia no ocurre magicamente y requiere de un otro que acompañe y ayude a co-regular ese Sistema Nervioso desbordado, una figura de apego que sea significativa.

Reconocer que estamos en un estado de desajuste emocional es el primer paso para avanzar.

Algunas recomendaciones

El trauma se aloja en el cuerpo, por lo que identificar las sensaciones corporales es importante, así como realizar actividad física aumenta el pulso cardiaco, aumenta la temperatura corporal, etc todas estas sensaciones acompañan al ejercicio, así también el estado de supervivencia tiene sus sensaciones que se alojan en el cuerpo que pueden ser múltiples: dolor de cuello, vacío en el estómago, presión en el pecho, problemas digestivos, crisis de angustia, entre otras. El miedo tiene su propia sensación en el cuerpo y debemos identificarla.

Comenzar desde las sensaciones – emociones – pensamientos (cuerpo a mente)

Sensaciones

Identificar sensaciones corporales

Regularse por medio de la respiración

El ejercicio físico reconfigura nuestras sensaciones. Aprender que las sensaciones corporales pueden ser algo positivo eso modificara tu cerebro y no lo asociara con el miedo u otras emociones.

Emociones

Identificar que otras emociones acompañan al miedo (frustración, tristeza, enojo).

Comenzar a realizar ejercicios de meditación observando esas emociones que están presentes.

Visualizar una situación donde hayas experimentado alegría y quedarse con esa emoción durante el día, vuelve a vivir esa experiencia si te es posible.

Pensamientos

Visualiza tus pensamientos sin identificarte con ellos. No digas soy miedoso o ansioso, visualízate como la persona que quieres ser, “soy una persona valiente”, “soy una persona importante”, “mi identidad no tiene relación con lo que me paso o como reacciona mi cerebro, soy más que miedo o dolor”.

Celebra los pequeños logros que tengas en tus días, siempre estamos avanzando y es importante que puedas valorarlo.

Agradece 3 cosas de tu día. Puedes tener una libreta de agradecimientos, esto funciona muy bien para identificar las cosas buenas que tiene la vida.

No estás roto, puedes recuperarte. No dejes que nadie —ni siquiera tu propio cerebro en sus momentos de miedo— te convenza de que tu historia termina aquí o que tu identidad no es suficiente.

«En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor; porque el temor lleva en sí castigo». 1 Juan 4:18

Y tú, ¿en qué parte de tu cuerpo sientes el miedo hoy? Identificarlo es el primer paso para liberarlo. Te leo en los comentarios

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