Un Joven ha perdido a sus padres la semana anterior, ha vuelto a su rutina con normalidad aparente, no se le ve triste, incluso bromea con sus amigos. ¿esto es una buena o mala señal?
Vivimos en la era de la «felicidad obligatoria». Basta con abrir Instagram para ver vidas aparentemente perfectas, llenas de viajes y sonrisas. En este contexto, la tristeza se ha convertido en un «mal» del cual todos deben huir.
Vivimos vidas llenas de búsqueda de felicidad momentánea, nos acomodamos a lo que los demás quieren, no nos hemos sentado a pensar que realmente es lo que queremos. Manteniéndonos en movimiento no para llegar a un lugar, sino para que no nos alcance la tristeza o la melancolía. ¿Es la tristeza el enemigo, o es nuestro estilo de vida el que no nos permite sanar?».
Una señal de alerta, no un error del sistema
La tristeza es, por naturaleza, displacentera. Duele; incomoda; no gusta. Sin embargo, tiene una función vital: que es tomarnos pausas para sentir el dolor.
- Aparece para que tomemos conciencia de lo que hemos perdido o que se ha transformado.
- Nos ayuda a procesar el duelo y a reajustar nuestras emociones para el futuro nuevo.
Más que un pozo sin salida, la tristeza es un proceso de aceptación y adaptación.
La tristeza como disciplina espiritual
Para el cristiano, la tristeza tiene un propósito que trasciende lo psicológico. Es una de las herramientas más poderosas para ordenar nuestras prioridades:
- Nos muestra nuestra fragilidad: Nos recuerda que todo en esta tierra es efímero y pasajero, que esta en constante cambio.
- Revela donde está nuestro corazón: Nuestra tristeza es una señal de como opera el corazón y donde estaba enfocado, nos da una radiografía de la intensidad en donde ponemos nuestra alegría, que pueden ser: el trabajo, los títulos, los amigos, el lugar en el que vivo, mi pareja, etc.
- Nos acerca al consuelo real: Como dice el Salmo 51:17, Dios no desprecia un corazón quebrantado. La tristeza es una invitación a confiar en que Cristo es lo único que permanece para siempre y que todo lo demás por bueno que sea tiene su espacio y tiempo, no debe cubrir todo nuestro tiempo y atención.
«La tristeza puede elevarnos y hacernos mejores personas. Tras una existencia superficial, muchos han sido transformados al sufrir un duro revés». — Marian Rojas Estapé.
Pasos prácticos para recuperar el equilibrio
Si hoy te sientes abrumado, recuerda que la gestión de tus emociones es una forma de honrar a Dios. Algunas acciones que pueden ayudarte:
- Sinceridad en la oración: No uses máscaras con Dios. Él ya sabe cómo te sientes; decírselo te libera a ti.
- Ejercicio físico: El ejercicio ayuda a tu cerebro a combatir la inflamación cerebral y mejora el sueño.
- Diario de gratitud: Al cerrar el día, escribe tres cosas por las que das gracias. Entrenar la mirada en la gracia de Dios cambia la química de tu cerebro.
- Espacios de quietud: Apaga el ruido digital. Necesitas silencio para reconocer qué está pasando realmente en tu corazón.
- Busca ayuda: Si la carga es demasiado pesada, buscar acompañamiento profesional y pastoral es un acto de humildad y sabiduría.
Una sociedad que no integra el dolor, es una sociedad que cada vez se ha deshumanizado. La vida tiene altos y bajos. Cristo vino a experimentar esa vida en su encarnación, sufrió con los que sufren y lloro con los que lloran. Dejemos de huir de el dolor, porque siempre nos alcanzara en algún u otro momento.

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